
La tranquilidad de El Burgo de Osma se ha visto súbitamente interrumpida, no por una nueva plaga de turistas ávidos de morcilla, sino por una amenaza mucho más... líquida. La Confederación Hidrográfica del Duero (CHD), en un alarde de previsión digno de encomio (o de un guion de comedia), ha activado la "alerta amarilla" en el río Ucero. Parece que el río, harto de su rutina, ha decidido superar su propio récord anual de caudal, sumiendo a la comarca en una especie de "emergencia mojada" que, según los expertos, podría implicar que... bueno, que hay más agua.
El Ucero, un rebelde sin causa: ¿Amenaza o simple capricho fluvial?
Según los datos en tiempo real de la estación de control, ese oráculo moderno que mide el pulso hídrico de la provincia, el río Ucero ha alcanzado la friolera de 2,35 metros de nivel y 51,94 metros cúbicos por segundo. Esto, para los no iniciados en la jerga fluvial, significa que el río está más crecido que un adolescente en plena pubertad, superando con creces el máximo anual de 49,50 m³/s. La CHD, con su habitual celeridad, ha tardado apenas unas horas en darse cuenta de que el río de ayer, con sus modestos 25,35 m³/s, ha engordado hasta duplicar su volumen. ¿Será que el Ucero ha estado comiendo demasiado o es que la lluvia, esa vieja conocida, ha hecho de las suyas?
El aviso amarillo, nos recuerdan, implica "riesgo potencial". Un riesgo que, en Soria, se traduce en la posibilidad de que los caminos agrícolas se conviertan en piscinas improvisadas y que alguna infraestructura baja decida darse un chapuzón. La recomendación oficial es "extremar la precaución", lo cual, en un pueblo como El Burgo de Osma, significa probablemente no intentar cruzar el río a nado con el tractor, ni organizar un picnic en la orilla más baja. ¡Qué perspicacia!
La burocracia del agua: Un caudal de comunicados y cero soluciones (reales)
Desde la CHD, ese faro de la gestión hídrica, se nos insta a "mantenernos informados a través de los canales oficiales de Protección Civil y de la propia Confederación". Uno casi puede imaginarse a los funcionarios, con sus chalecos reflectantes, tecleando comunicados urgentes mientras el río sigue su curso, ajeno a la burocracia. La verdadera pregunta es: ¿qué hacemos con esta información? ¿Construimos un arca? ¿Compramos patos salvavidas? ¿O simplemente nos resignamos a que, como cada año, el río haga lo que le da la gana y la administración nos lo notifique con un bonito color amarillo?
La situación es tan grave que, al parecer, el Duero en general "mantiene niveles altos en la provincia". Una noticia que, para cualquier soriano, es tan sorprendente como descubrir que en invierno hace frío. Pero no teman, la CHD está vigilante, y si el río decide subir un centímetro más, no dudarán en activar la "alerta naranja", que, según los expertos, implica que el agua está aún más mojada.
El impacto local: ¿Adiós a los paseos ribereños, hola a la pesca desde el balcón?
Los vecinos de El Burgo de Osma, acostumbrados a las peculiaridades de su río, observan con una mezcla de resignación y cierto morbo cómo el Ucero se expande. Los más aventureros ya están pensando en nuevas rutas para sus piraguas, mientras que los más precavidos han empezado a guardar las chanclas y a sacar las botas de agua. La economía local, por su parte, se prepara para un posible auge del turismo de "observación de riadas controladas", un nicho de mercado aún por explotar en la España vaciada. Quizás sea el momento de invertir en barcas de pedales para los paseos por la plaza mayor, si la CHD decide que la alerta amarilla es solo el principio de una nueva era acuática.
En definitiva, la CHD ha cumplido su deber: nos ha avisado de que el agua está mojada y en cantidad. Ahora, solo nos queda esperar a que el Ucero decida si quiere ser un río o una piscina olímpica, mientras nosotros, los ciudadanos, nos mantenemos "informados" y, sobre todo, "secos".
Este artículo es pura sátira y no debe tomarse más en serio que una promesa electoral.