
Almazán, la villa que una vez fue testigo de intrigas dinásticas y batallas por un trono que nunca llegó, ha vuelto a abrir sus puertas al pasado. Y no a un pasado cualquiera, sino al más incómodo de todos: el del infante Alfonso de la Cerda, el desheredado. Por segunda vez, nuestras calles han sido invadidas por caballeros sin herencia y damas con tocados que desafían la gravedad, todo en nombre del rigor histórico y, suponemos, de una buena excusa para disfrazarse.
El Gran Retorno del Desheredado: ¿Una Inversión a Largo Plazo?
El Ayuntamiento adnamantino, en un alarde de visión estratégica que solo se entiende bajo la luz de las antorchas, ha decidido que la mejor forma de proyectar Almazán al futuro es anclarla firmemente en el siglo XIII. La recreación de la ‘Corte de Alfonso de la Cerda’ ha sido, según fuentes municipales (y algún que otro juglar contratado), un éxito rotundo. Las calles se llenaron de curiosos, y el Paseo Alicante se transformó en un campamento museo donde, al parecer, se desmitificó la higiene medieval. Nos preguntamos si esto significa que, a partir de ahora, las duchas serán opcionales y el jabón, un lujo exótico.
La entrada del infante, con su séquito y sus pendones alzados, fue el punto álgido. Un momento de gloria efímera para un rey que nunca reinó, pero que ahora, gracias al esfuerzo local, al menos tiene su fin de semana de protagonismo. La pregunta que flota en el aire, más densa que el incienso de la iglesia de San Miguel, es: ¿Estamos invirtiendo en un rey que ya perdió? ¿O es que el consistorio tiene un plan secreto para reclamar algún ducado perdido en las arcas de la Diputación?
Higiene Medieval y Otros Peligros de la Inmersión Total
Uno de los puntos más celebrados de esta inmersión temporal fue la charla sobre la higiene medieval. Al parecer, la gente no olía tan mal como pensamos. Una revelación que, francamente, nos deja más preocupados que aliviados. ¿Significa esto que los estándares de limpieza de Almazán están a punto de ser revisados a la baja? ¿Veremos pronto carteles en los baños públicos recomendando el uso de ceniza en lugar de papel higiénico?
La explicación detallada de la indumentaria femenina del siglo XIII, con el proceso de “vestir a la dama”, también fue un éxito. Nos imaginamos a las modistas locales tomando notas frenéticas, preparándose para la próxima temporada de bodas y comuniones con túnicas de lino y tocados de tela. Quizás sea el momento de que el comercio local se adapte y empiece a vender cotas de malla para los días de viento y barro, o ungüentos a base de hierbas para los resfriados que, según la historia, se curaban con un buen sangrado.
El rigor histórico es encomiable, pero la línea entre la recreación y la adopción de costumbres puede ser muy fina. No queremos que, por un exceso de entusiasmo, el próximo pleno municipal se celebre con votaciones a mano alzada y el concejal de urbanismo decida que la mejor forma de arreglar los baches es con adoquines traídos directamente de la época de los Reyes Católicos (o incluso antes).
El Legado del Pendón Alzado: ¿Y las Calles sin Asfaltar?
La escenificación del alzado de pendones en la Plaza Mayor fue, sin duda, un espectáculo visual. Pero mientras los estandartes de un rey desheredado ondeaban al viento, algunos vecinos se preguntaban si no sería más práctico alzar el presupuesto para arreglar las aceras rotas o mejorar la iluminación de ciertas zonas. Es fácil dejarse llevar por la pompa y circunstancia de un pasado glorioso, pero el presente, con sus problemas prosaicos, sigue ahí, esperando su turno.
La consolidación de este evento como "cita ineludible en el calendario cultural soriano" es una gran noticia. Pero, ¿estamos seguros de que Almazán necesita un rey desheredado para ser ineludible? Quizás con un buen plan de desarrollo rural, una mejor conexión a internet o un par de industrias que generen empleo, la villa sería ineludible por razones más... contemporáneas.
En fin, Almazán ha vuelto a demostrar que sabe cómo viajar en el tiempo. Esperemos que, al regresar al presente, no se olviden de dónde dejaron las llaves del coche y, sobre todo, la cartera. Porque la historia, por muy rigurosa que sea, no paga las facturas del siglo XXI.
Este artículo es una obra de ficción satírica de 'El Tintero Seco' y no debe tomarse en serio. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia... o una triste verdad.
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