
Almazán, queridos lectores de El Tintero Seco, es un pueblo que sabe lo que es la resiliencia. O, al menos, lo que es una buena excusa para la fiesta. Justo cuando la villa se preparaba para sumergirse en el éxtasis de la Bajada de Jesús, un pequeño detalle arquitectónico decidió sumarse a la celebración de una forma un tanto… dramática. Sí, hablamos del Palacio de los Hurtado de Mendoza, que, en un acto de solidaridad con el espíritu festivo, decidió desmoronar su fachada. Un mero aperitivo, suponemos, para la traca final.
Pero no teman, ciudadanos, que la alegría adnamantina es más robusta que cualquier estructura del siglo XV. Nuestro ilustre alcalde, Jesús Cedazo, ha demostrado una vez más su capacidad para el multitasking emocional. Según nos ha confesado en una entrevista pre-colapso (¡qué visión la nuestra!), vive estos días en una dualidad casi mística: la preocupación y responsabilidad de que todo salga bien, y la emoción pura y dura del adnamantino de pro.
La Preocupación: Un Pequeño Detalle en el Gran Esquema Festivo
La parte de la preocupación, claro, es fundamental. ¿Quién no se preocuparía por la seguridad de los actos taurinos, por la integridad de las peñas en sus locales, o por que «todos los actos se desarrollen con normalidad»? Especialmente después de que un edificio histórico decidiera que su momento de gloria era justo antes del pregón. Es casi como si el Palacio, en un arrebato de celos, quisiera robarle protagonismo a las Damas de 2026. ¡Qué descaro!
El alcalde, con esa mirada de quien lleva el peso del mundo (o al menos, el peso de una fachada), nos asegura que «todo esté preparado para que los vecinos puedan disfrutar». Y por «todo», entendemos que incluye un equipo de arquitectos de guardia, por si alguna otra edificación decide unirse a la fiesta de forma espontánea. Porque, seamos sinceros, ¿qué es un poco de escombro cuando hay un Nazareno girando en la Puerta de la Villa?
La Emoción: Cuando la Realidad se Vuelve un Estorbo
Pero dejemos de lado las nimiedades estructurales y centrémonos en lo verdaderamente importante: la emoción. Ah, la emoción. Esa fuerza telúrica que, según Cedazo, te hace «recordar momentos compartidos con los amigos y la familia» y sentir «esa mezcla de ilusión y nervios». Una emoción tan potente que, al parecer, es capaz de hacer olvidar cualquier pequeño incidente que involucre cascotes y cintas de «Peligro, no pasar».
El pregón, este año a cargo de Eugenio Sánchez Cuevas de la peña 'El Subidón' (¡qué nombre tan premonitorio!), es ese «momento indescriptible» en el que la plaza se llena. Y luego, por supuesto, la Bajada de Jesús. Una procesión que, para el alcalde, «va más allá de un acto religioso». Es un fenómeno. Un trance colectivo donde el Nazareno avanza entre la multitud, la traca rompe la noche y los fuegos artificiales (esperemos que bien anclados) ponen el broche de oro. «Cuando el Nazareno gira en la Puerta de la Villa y estalla la traca, ya no hace falta explicar nada», sentencia el alcalde. Y con razón, ¿quién necesita explicaciones cuando hay pólvora y fervor?
Este año, además, la Bajada cumple 30 años como Fiesta de Interés Turístico Regional. Un hito que, sin duda, se celebrará con la solemnidad que merece, justo al lado de los restos del patrimonio histórico que decidió auto-demolerse para la ocasión. ¡Qué mejor manera de demostrar el interés turístico que ofreciendo una experiencia de arqueología en vivo!
Las Peñas: Los Verdaderos Pilares (que no se caen)
Y no podemos olvidarnos de las peñas. Esas «imprescindibles» agrupaciones que «ponen el color, la alegría y buena parte del ambiente». Son ellas, con su inquebrantable espíritu festivo, las que aseguran que, pase lo que pase, la fiesta continuará. Son los verdaderos cimientos de Almazán, esos que, a diferencia de otras estructuras, no se desmoronan ni con un terremoto de alegría.
Así que, mientras los problemas y el trabajo «ya vendrán otros días», ahora toca parar. Y disfrutar. Porque en Almazán, la vida es una fiesta, y si un palacio decide unirse al jolgorio de forma un poco brusca, pues que así sea. ¡Que viva la Bajada de Jesús y que la emoción nos pille confesados (o al menos, con el casco puesto)!
Este artículo es una obra de ficción satírica del periódico 'El Tintero Seco' y no debe tomarse como información veraz. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia (o una oportunidad para la risa).