
En las recónditas y a menudo olvidadas Tierras Altas de Soria, donde el silencio solo lo rompe el viento y el eco de los recuerdos, una noticia ha sacudido los cimientos de la burocracia local. El Ayuntamiento de Castilfrío de la Sierra, en un acto de audacia administrativa y con un presupuesto que haría palidecer a cualquier capital de provincia, ha decidido invertir la friolera de 40.151 euros en la restauración de su emblemática Fuente del Suso. Mientras tanto, los vecinos se preguntan si el agua que brota de la fuente será más cristalina que las explicaciones sobre esta prioridad.
El Misterio de los 40.151 Euros: ¿Un Manantial de Papeles?
Según ha revelado el siempre transparente (y a veces críptico) Boletín Oficial de la Provincia de Soria, la aprobación de la "memoria valorada" para la restauración de la Fuente del Suso es un paso previo "necesario". Necesario, sí, como respirar para un burócrata. Este trámite, que ha requerido más sellos que un pasaporte diplomático, abre ahora un periodo de información pública de ocho días naturales. Ocho días. En Castilfrío de la Sierra, donde el tiempo parece haberse detenido, ocho días pueden ser una eternidad o un parpadeo, dependiendo de si uno está esperando al cartero o intentando descifrar un edicto municipal.
Los interesados, es decir, los tres o cuatro vecinos que aún residen en el pueblo y tienen acceso a internet (o al menos a un teléfono fijo para llamar a un familiar en la ciudad), podrán examinar el expediente en la Secretaría del Consistorio. Nos imaginamos la escena: un vecino, lupa en mano, desentrañando planos y presupuestos, mientras el alcalde, Tomás Cabezón Casas, espera ansioso sus "alegaciones oportunas". ¿Alegarán que el chorro es demasiado fuerte? ¿O que el musgo tiene un tono de verde que no es el original?
La Fuente del Suso: ¿El Último Gran Proyecto de las Tierras Altas?
Con un presupuesto de 40.151 euros, la Fuente del Suso se convierte, sin duda, en el proyecto estrella de la legislatura. Una cifra que, en un municipio con apenas unas decenas de habitantes censados, equivale a casi mil euros por cabeza, incluyendo a los que solo vienen en verano. Uno no puede evitar preguntarse si, con esa cantidad, no se podría haber asfaltado la carretera de acceso, puesto fibra óptica en cada casa o, quién sabe, ¡contratado a un trovador para amenizar las tardes de invierno! Pero no, el patrimonio hídrico es lo primero, aunque el patrimonio humano se desvanezca como el agua entre los dedos.
La recuperación y puesta en valor de este "elemento del patrimonio" es, según el documento oficial, la máxima prioridad. Y es que, ¿para qué tener servicios básicos funcionales cuando puedes tener una fuente reluciente que nadie usa? La Fuente del Suso, antes un humilde abrevadero, se prepara para ser la joya de la corona, el faro de la modernidad en la despoblación. Quizás, con suerte, atraiga a algún turista despistado que, al verla, se pregunte dónde está el resto del pueblo.
Ocho Días para Alegar: ¿Quién tiene tiempo para el agua?
El plazo de ocho días para presentar alegaciones es un guiño a la participación ciudadana, un guiño tan sutil que casi nadie lo ve. ¿Quién, en su sano juicio, se va a tomar la molestia de revisar un expediente técnico de restauración de una fuente? Los vecinos de Castilfrío de la Sierra tienen preocupaciones más apremiantes: la leña para el invierno, el huerto, la visita del médico una vez al mes. La idea de que alguien vaya a la Secretaría del Ayuntamiento para discutir la granulometría de la piedra o la presión del agua es, en sí misma, una obra de arte satírico.
Es posible que, al final de los ocho días, la única alegación sea un "¡Qué bien que arreglen la fuente!" o, más probablemente, un silencio sepulcral. Un silencio que, en las Tierras Altas, a menudo habla más alto que cualquier proclama oficial. La Administración Pública, en su infinita sabiduría, ha creado un mecanismo para que la gente participe, pero ha olvidado que la gente, a veces, está demasiado ocupada sobreviviendo para participar en la burocracia de los 40.000 euros.
Así pues, mientras la Fuente del Suso se prepara para su renacimiento, los habitantes de Castilfrío de la Sierra pueden dormir tranquilos. Su patrimonio hídrico estará a salvo, reluciente y, sobre todo, muy, muy caro. El futuro de las Tierras Altas, al parecer, se escribe con chorros de agua y montañas de papel. ¡Que viva el progreso, aunque sea a golpe de edicto y con la cartera de todos!
Este artículo es una obra de sátira y ficción. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia... o una triste verdad.