
En una hazaña digna de figurar en los anales de la inacción administrativa, el Consorcio de Residuos de Soria ha logrado mantener un estado de "olvido" y "desidia" durante seis largos meses. Un periodo que, según el presidente de la Diputación, Benito Serrano, solo se ha roto gracias a la insistencia casi heroica de su institución. En El Tintero Seco, nos preguntamos: ¿es dejadez o una nueva forma de meditación trascendental aplicada a la gestión de residuos?
La Parálisis del Papel y el Hedor de la Inacción
Imaginen un reloj que se detiene en septiembre y no vuelve a marcar la hora hasta marzo. Esa es la cronología de la gestión del Consorcio, donde las peticiones de reunión se acumulan como los recibos impagados en un buzón olvidado. Seis meses. Suficiente tiempo para que un cachorro aprenda a pedir la pata, para que una semilla germine y dé fruto, o para que la paciencia de los sorianos se agote y se convierta en compost. La "dejadez completa" denunciada por Serrano no es solo una frase; es una filosofía de vida, un arte marcial de la inactividad que ha llevado al Consorcio a un estado de nirvana burocrático.
Durante este periodo, uno podría pensar que los residuos se gestionaban por telepatía o, quizás, por la intervención divina. La realidad, sin embargo, es más mundana y menos mística: simplemente no se gestionaban. O al menos, no con la diligencia que uno esperaría de un organismo encargado de que Soria no se convierta en una versión moderna de Pompeya, pero de basura.
El Misterio de la Subida Salarial: ¿Un Acto de Fe o de Fuerza Mayor?
Uno de los puntos álgidos de esta epopeya de la lentitud ha sido la subida salarial del 2,5% para los trabajadores. Una demanda que, según parece, requirió de una amenaza de huelga para ser considerada. En Soria, al parecer, la negociación colectiva ha sido sustituida por el "ultimátum colectivo". Es casi poético: los encargados de gestionar lo que sobra, tuvieron que llegar al límite para que se les diera lo que les correspondía. La aprobación retroactiva, con efecto desde el 1 de enero, es un pequeño consuelo, pero uno no puede evitar preguntarse cuántos cafés se habrán enfriado en las mesas de negociación (o la falta de ellas) antes de llegar a este punto.
Somacyl y el Calendario Elástico: Cuando Febrero se Estira hasta Abril
Otro capítulo en esta saga de la procrastinación es la subrogación de la gestión a Somacyl. Prevista para el 1 de febrero, la "falta de respuesta" y de reuniones ha estirado el plazo hasta el 1 de abril. ¿Es que el Consorcio tiene una relación especial con el calendario, considerándolo más una sugerencia que una imposición? Quizás estén esperando al Día de los Inocentes para hacer el cambio, en un guiño irónico a la situación. O tal vez, la gestión de residuos es tan compleja que requiere de un alineamiento planetario específico, o de que las marmotas salgan de sus madrigueras dos meses más tarde de lo habitual.
El Gran Agujero Negro Contable: ¿Dónde Están las Cuentas?
Pero la joya de la corona de esta inacción es, sin duda, la falta de información sobre el estado de las cuentas y las aportaciones de cada patrono. Seis meses solicitando datos sin recibir respuesta. ¿Es que el Consorcio ha descubierto un nuevo sistema de contabilidad cuántica, donde los números existen y no existen al mismo tiempo hasta que alguien se digna a mirarlos? O quizás, las cuentas están tan limpias que no hay nada que mostrar, o tan sucias que nadie se atreve a tocarlas. La transparencia, en este caso, parece ser un concepto tan etéreo como el vapor que emana de un vertedero en un día caluroso.
Benito Serrano lo sentenció con una frase que debería grabarse en piedra en cada despacho público: "Para llegar a acuerdos hay que sentarse, y para sentarse hay que gestionar". Una verdad tan obvia que, en el contexto del Consorcio de Residuos de Soria, suena a revelación mística. Esperemos que, tras esta reunión forzada, la gestión no vuelva a entrar en su hibernación habitual. Porque, al final, la basura no espera, y Soria tampoco.
Este artículo es una obra de sátira y humor, y cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia (o no).