De Ólvega a Sudáfrica: El Soriano que Descubrió que el Mundo Existe Más Allá de la N-122

domingo, jul. 19, 2026 | 5 minutos de lectura | Actualizado en domingo, jul. 19, 2026

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De Ólvega a Sudáfrica: El Soriano que Descubrió que el Mundo Existe Más Allá de la N-122

En la redacción de El Tintero Seco, donde el café es más amargo que la realidad y las noticias se sirven con extra de cinismo, nos ha llegado una historia que, a primera vista, podría parecer inspiradora. Pero no se engañen, queridos lectores. Detrás de cada epopeya personal, especialmente si involucra a un soriano y un evento global, siempre hay una capa de absurdo que merece ser desenterrada.

La Gran Evasión Soriana: De Ólvega a la Civilización (Vía Sudáfrica)

Jorge Revilla, un intrépido olvegueño, ha compartido con nosotros su gesta: presenciar en directo la final del Mundial de 2010. Una hazaña que, para cualquier habitante de nuestra querida provincia, ya es digna de un monumento. No por el fútbol en sí, sino por el mero hecho de haber logrado salir de Soria y llegar a un lugar donde la gente no se saluda con un “¿qué tal la cosecha?”.

Según Jorge, la decisión de ir a Sudáfrica fue una especie de venganza personal por haberse perdido un partido de la Eurocopa anterior. “Me dio tanta rabia que, cuando nos organizamos para ir al Mundial, yo le dije a mi hermano: o vamos hasta el final o no voy”. Una declaración que, en Soria, equivaldría a decir: “o me ponen fibra óptica de verdad o me vuelvo a la paloma mensajera”. La determinación de este hombre es, sin duda, admirable, aunque sus prioridades puedan parecer un tanto... exóticas para el común de los mortales que luchan por encontrar un médico de cabecera.

El viaje, nos cuenta, no fue solo por el fútbol. ¡Oh, no! También aprovecharon para “hacer turismo y mejorar el inglés”. Una excusa tan vieja como el empedrado de la Plaza Mayor para justificar unas vacaciones lejos de la N-122. Imaginamos a Jorge y sus compañeros, con su diccionario de bolsillo, intentando pedir un café en Johannesburgo mientras el resto del mundo se preparaba para la final. Un verdadero ejemplo de cómo el soriano, incluso en el fin del mundo, mantiene su pragmatismo.

Johannesburgo: Un Soria con Más Vuvuzelas y Menos Setas

La descripción de Johannesburgo por parte de Jorge es, cuanto menos, reveladora. “Johannesburgo no era una ciudad pensada para el turismo”, afirma. ¡Qué sorpresa! Como si Soria capital estuviera diseñada para acoger a hordas de turistas buscando adrenalina. La búsqueda de una “Fan Zone” que no encontraron nos hace pensar en la desesperación de un forastero intentando encontrar un bar abierto un martes por la tarde en un pueblo de la Raya.

Pero no todo fue desventura. ¡Vieron a famosos! Pau Gasol y Sara Carbonero. Una experiencia que, para un soriano, es el equivalente a ver a un corzo cruzando la carretera, pero con más glamour y menos riesgo de abolladura en el coche. La seguridad en el estadio también le impresionó, con “dos kilómetros perimetrados”. Aquí, en Soria, la única seguridad perimetrada que conocemos es la valla de la finca del vecino para que no le roben las patatas.

Y luego, la entrada de Nelson Mandela. “¡Fue espectacular!”, dice Jorge. Miles de personas gritando “Madiba”. Aquí, lo más cercano a un grito unánime es el “¡Que bote el alcalde!” en las fiestas de San Juan, y eso si el vino de la bota ha hecho ya su efecto.

El Gol de Iniesta y la Epifanía Pakistaní: Un Abrazo Global (y Agobiante)

El momento cumbre, el gol de Iniesta, lo vivieron en el fondo contrario. Una metáfora perfecta de la vida en Soria: siempre cerca de la acción, pero nunca en el centro exacto. Y la celebración... ¡ah, la celebración! Jorge recuerda que había “muchos pakistaníes alrededor nuestro y que todos iban con España”. Y cuando llegó el gol, “todos nos abrazamos y ellos venían y te abrazaban igual, como si fueran españoles. Casi que era un poco agobiante”.

Aquí tenemos la esencia del soriano: dispuesto a la hermandad universal, pero con un límite claro para el contacto físico excesivo. Un abrazo es un abrazo, pero si ya se convierte en una melé, la cosa cambia. Es como cuando te invitan a una ronda de chupitos y te pones a calcular si te compensa el dolor de cabeza del día siguiente.

La anécdota del niño holandés llorando, al que Jorge consoló, es el toque final. “No te preocupes, seguro que más adelante vivirás una final con la misma alegría que la estoy viviendo yo”. Una frase que, traducida al soriano, sería algo así como: “No llores, chaval, que ya verás cuando te toque pagar la hipoteca”.

El Regreso a la Realidad: Del Vuvuzela al Mando a Distancia

Ahora, Jorge Revilla verá la nueva final desde la comodidad de su hogar, o quizás en el bar de la esquina, donde el sonido de las vuvuzelas ha sido sustituido por el de las máquinas tragaperras. Y confía más en esta selección que en la de 2010. Una fe ciega que solo un soriano, acostumbrado a las promesas electorales incumplidas, puede mantener.

“Mi padre siempre decía que el fútbol, ‘como en el campo, en ningún sitio’”, confiesa Jorge. Una verdad universal que, en Soria, se aplica también a las setas, los torreznos y, por supuesto, a la posibilidad de encontrar un trabajo digno. Pero, al final, la memoria flash de aquel día permanecerá, un recordatorio de que, por una vez, un soriano estuvo en el lugar y el momento adecuados, aunque fuera a miles de kilómetros de casa.

Este artículo es una obra de ficción satírica y no debe tomarse como una representación literal de los hechos ni de las opiniones de las personas mencionadas. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia (o una ironía muy bien lograda).

Más información en próximas actualizaciones.

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