
El Burgo de Osma, esa joya episcopal de nuestra Soria profunda, fue escenario reciente de un evento que pasará a los anales de la historia (al menos, en la sección de anécdotas del bar de la esquina). El Partido Popular, con su líder supremo Alberto Núñez Feijóo a la cabeza, desplegó su maquinaria en el Centro Cultural San Agustín. Lo que prometía ser un mitin más, se convirtió, para los observadores más agudos (y congelados), en una tragicomedia digna de las mejores crónicas de este vuestro periódico, El Tintero Seco.
La Gran Peregrinación del Kilometraje
Antes de que el mismísimo Feijóo pisara el suelo bendito de El Burgo, la provincia ya había sido testigo de una epopeya vial sin precedentes. Alcaldes y concejales, cual apóstoles de la causa, recorrieron cientos de kilómetros. Desde Arcos de Jalón hasta Duruelo, pasando por Morón de Almazán, San Leonardo o Langa de Duero, nuestros ediles demostraron una lealtad que ni el GPS más avanzado podría calcular. «Se me ha hecho duro venir», confesaba una periodista, pero ¿qué es un poco de asfalto y gasoil cuando el jefe llama? Es el peaje de la devoción, el sacrificio del cargo, o quizás, simplemente, la única forma de asegurarse un asiento en primera fila (y no en el congelador).
El Gallinero: Frío, Pantallas y la Resistencia Periodística
Mientras los cargos electos se acomodaban en sus mullidas butacas, la prensa, esa incómoda mosca en la sopa democrática, fue relegada a una suerte de "zona ártica" en el hall, con una pantalla para seguir el evento en streaming. Porque, claro, ¿quién necesita ver al orador en persona cuando puedes verlo pixelado y con un retardo sospechoso? Sin embargo, la astucia y el instinto de supervivencia de nuestros colegas no tienen límites. Dos valientes periodistas, desafiando el gélido ambiente y la vigilancia laxa, se infiltraron discretamente en el "gallinero". Desde allí, con una visión periférica que ya quisieran los servicios de inteligencia, pudieron observar la verdadera esencia del mitin. El contraste térmico era digno de estudio: calor sofocante abajo, polo norte arriba. Una metáfora, quizás, de la brecha entre la élite y la plebe informativa.
El Misterio Demográfico y las Butacas Fantasma
Con el reloj marcando las 18:06, el cronista aburrido (y congelado) se lanzó a la inevitable tarea de calcular la edad media del público. El resultado: una sólida media de 60 años o más. Un veinteañero fue avistado, sí, pero era un policía local. ¿Será que la juventud soriana está más interesada en TikTok que en la política tradicional? El misterio se acrecentó con las butacas vacías en el gallinero, trece para ser exactos. ¿Estrategia de marketing? ¿Un guiño al minimalismo? ¿O simplemente que la gente prefiere quedarse en casa viendo Netflix? La impaciencia crecía, y la explicación llegó: Feijóo se había entretenido saludando a las señoras en la puerta. Porque, ¿qué es la puntualidad frente al encanto personal?
Trufas, Discursos y la Voz del Pueblo
La música moderna, esa gran desconocida para la memoria política, intentó animar el ambiente antes de la entrada triunfal. ¿Dónde quedó aquel himno pegadizo del PP? Se ve que la modernidad exige sacrificios. Feijóo, tras su periplo matutino por Berlanga (donde, atención, ¡había recolectado trufas!), se lanzó a su discurso. "Hemos comprobado las capacidades y recursos naturales de esta provincia", afirmó. Uno casi podía imaginarse al líder con una cesta de mimbre, descubriendo Soria como si fuera una nueva especie. Y luego, la pregunta retórica sobre el Gobierno de España. La respuesta, desde el gallinero, fue lapidaria: «El gilipollas», susurró una señora. Y a la pregunta de qué funciona bien, un hombre respondió con sorna: «Hacienda». Porque la sabiduría popular, queridos lectores, es la única que no necesita atril ni focos.
La Gran Evasión y el Puente Olvidado
El mitin concluyó, y Feijóo puso rumbo a Madrid, no sin antes recibir una última recomendación del presidente de la Diputación: que aprovechara el paso por San Esteban de Gormaz para inspeccionar un puente y el riesgo de inundaciones. Una sugerencia de última hora, cual revelación divina, para cargar contra la Confederación Hidrográfica del Duero. Porque en política, hasta un puente puede ser una herramienta electoral. Y así, entre trufas, kilómetros y el frío polar del gallinero, Soria despidió a sus ilustres visitantes, dejando una estela de anécdotas para el recuerdo y, por supuesto, para la pluma afilada de El Tintero Seco.
Esta crónica es una obra de ficción satírica y cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia (o no).