
Villar del Río, ese epicentro cultural y económico de Tierras Altas, se prepara para acoger el evento más trascendental del calendario soriano, y quizás, mundial: la Feria Micológica. No es una feria cualquiera, amigos. Es LA feria. La que decide el destino de nuestros pueblos, la que marca el ritmo de las hipotecas y la que, en última instancia, dictamina si este año podremos permitirnos un café con leche o tendremos que conformarnos con el agua del grifo. Todo, por supuesto, supeditado a la voluntad divina de la lluvia y a la aparición estelar de un perrechico.
La Dependencia Meteorológica: Un Drama en Tres Actos
La noticia, que ha corrido como la pólvora (o como una espora de boletus en día de viento), es que las lluvias de principios de mes han sido, según fuentes anónimas del Ayuntamiento, “un milagro que ha evitado el colapso total de la civilización tal como la conocemos”. Al parecer, la fructificación de hongos en los bosques sorianos no es solo una cuestión biológica, sino un pilar fundamental de nuestro sistema socioeconómico. Sin setas, no hay feria. Sin feria, no hay turismo. Sin turismo, ¿qué somos? ¿Un puñado de almas errantes buscando un cajero automático que funcione?
La Mancomunidad de Tierras Altas, junto a la Asociación Montes de Soria y los ayuntamientos de Villar del Río, San Pedro Manrique, Fuentes de Magaña, Santa Cruz de Yanguas y Yanguas (un comité más grande que el de la ONU), han estado en vilo. Se rumorea que se consideró una danza de la lluvia de emergencia, pero finalmente, San Pedro (el de la lluvia, no el de Manrique) obró el milagro. Ahora, con los perrechicos, setas de cardo, boletus pinícola y senderillas brotando a la velocidad de la luz, el futuro parece, al menos por ahora, menos apocalíptico.
La Burocracia del Bosque: Un Laberinto de Permisos y Homenajes
Pero no todo es alegría y champiñones. La feria, que se extenderá del 15 al 17 de mayo, viene con su ración de solemnidad y, cómo no, de papeleo. Porque, ¿qué sería de Soria sin un buen permiso obligatorio para disfrutar de sus recursos naturales? Imaginen la escena: usted, con su cesta de mimbre y su navaja de Albacete, enfrentándose a un formulario de tres páginas, dos sellos y la firma de un notario para poder recolectar un mísero níscalo. Es la sostenibilidad, dicen. Nosotros decimos que es la forma más efectiva de disuadir a los urbanitas de invadir nuestros montes.
El programa es tan denso como un bosque de robles en otoño. Desde la inauguración oficial (con corte de cinta fúngica, suponemos) hasta un taller de cocina micológica impartido por el mismísimo chef Luis Alberto Simón, que nos enseñará a maridar setas con caza y frutos silvestres. Una combinación tan audaz que solo en Tierras Altas se atreverían a proponerla. Y, por supuesto, no podía faltar el homenaje a José Antonio Lucas y José María Barrio, dos titanes de la gestión del recurso micológico en Castilla y León. Suena a que han salvado más vidas que la penicilina, pero con menos efectos secundarios.
Gastronomía de Vanguardia y Mercadillo del Hongo
La nave municipal se transformará en un templo del hongo, donde empresas sorianas ofrecerán desde quesos trufados (¿quién necesita trufas de verdad cuando puedes tener el aroma?) hasta cestas de recolección. Y sí, habrá setas en fresco, “si las condiciones meteorológicas lo permiten”, lo que añade un toque de suspense digno de una película de Hitchcock. Verán a la gente haciendo cola, con la esperanza de que el cielo no decida cambiar de opinión a última hora.
Para los más pequeños, el Aula Paleontológica ofrecerá actividades infantiles. Nos preguntamos si les enseñarán a diferenciar un dinosaurio de un boletus, o si les explicarán que los fósiles también son, a su manera, una forma de recurso natural. Y para los adultos, exposiciones como “MICOhábitats” y mesas interpretativas donde, por fin, aprenderemos a distinguir entre la seta que nos da una buena cena y la que nos manda directamente al hospital. Un conocimiento invaluable, sin duda.
Como broche de oro, se repetirá la exitosa experiencia de maridaje entre setas y vinos de Soria, que ya cautivó a miles en Almazán. José Antonio Vega y Cristina Aldavero volverán a demostrar que el vino y el hongo no solo se llevan bien, sino que son el alma gemela el uno del otro. Un espectáculo que, según los organizadores, “cambiará para siempre su percepción de la gastronomía y, posiblemente, de la vida”.
Este artículo es una obra de ficción satírica y no debe tomarse como una representación literal de los hechos. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia, o quizás, una triste verdad.
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