
En un mundo donde la excelencia se persigue con ahínco, Soria, una vez más, nos demuestra que la verdadera grandeza reside en la capacidad de levantarse, incluso si es del suelo y con una pierna maltrecha. La reciente novillada en Arauzo de Miel, en la vecina Burgos, ha sido un claro ejemplo de cómo el espíritu soriano de David Espejón transformó un evento taurino de dudosa calidad bovina en una oda a la resiliencia, la contusión y el arte de la caída con estilo.
La Epopeya del Revolcón: ¿Nuevo Arte Taurino?
Lo que comenzó como una tarde más de "novillos sin picadores" (y, a juzgar por el relato, sin muchas ganas de picar ni de ser picados), se convirtió en el escenario perfecto para que el sobresaliente soriano, David Espejón, redefiniera el concepto de "faena". Mientras otros lidiaban con astados que parecían más interesados en el pasto que en el capote, Espejón se preparaba para su momento estelar, no con la muleta, sino con el propio cuerpo.
El relato es claro: tras un inicio prometedor, un novillo, de esos que la crónica describe con eufemismos como "faltos de fuerza" o "distraídos" (probablemente pensando en la merienda o en la hipoteca), decidió que la mejor forma de colaborar era propinando un fortísimo revolcón. Un golpe de efecto, una voltereta digna de un acróbata circense, que envió a nuestro paisano directo a la enfermería. Pero, ¡ah, la fibra soriana! Lejos de quedarse a disfrutar de una merecida siesta con analgésicos, David regresó al ruedo. No para rematar la faena, pues el novillo ya había sido despachado por el director de lidia, sino para recibir una ovación que, según los expertos de 'El Tintero Seco', no era por sus lances, sino por su capacidad de absorber impactos con la dignidad de un roble centenario.
¿Estamos ante el nacimiento de una nueva disciplina taurina? ¿El "Revolcón Artístico Soriano"? Un arte donde la puntuación no se basa en el temple o la ligazón, sino en la espectacularidad de la caída y la velocidad de recuperación. Sin duda, un nicho de mercado para Soria, tierra de guerreros y de gentes que saben lo que es caerse y levantarse, a menudo con más barro que gloria.
Los Novillos: ¿Críticos de Arte o Meros Figurantes?
La crónica original no escatima en detalles sobre la calidad de los novillos: "escasa fuerza", "juego deslucido", "suelto y distraído", "comportamiento muy complicado, gazapón, distraído y que se iba largo". Uno casi podría pensar que los animales eran críticos de arte encubiertos, boicoteando la faena con su desidia para protestar por la falta de innovación en la tauromaquia.
Parece ser que en Arauzo de Miel, los novillos tenían sus propias prioridades, y la de colaborar con el espectáculo no era una de ellas. Mientras los toreros se esforzaban por sacar algo de donde no había nada, los astados se dedicaban a la introspección, al paseo contemplativo o, quizás, a planificar su fuga. La "oreja excesiva" otorgada a uno de los lidiadores, en un contexto de tal desinterés bovino, nos hace plantearnos si no sería más justo premiar al novillo por su audacia al negarse a participar. O, mejor aún, al público por su paciencia.
Reflexiones desde el Callejón (y la Enfermería)
En 'El Tintero Seco', siempre hemos creído que la verdad se encuentra en los detalles. Y en este caso, el detalle es que, en una tarde donde los toros no querían torear y los toreros hacían lo que podían, el momento cumbre fue una caída. Una caída que, lejos de ser un fracaso, se convirtió en el catalizador de una ovación atronadora. Esto nos lleva a una conclusión inquietante: ¿Hemos llegado a un punto en que el sufrimiento es la única métrica de la autenticidad? ¿Espejón, al recibir el revolcón, no solo entregó el alma en cada lance, sino también el cuerpo en cada impacto?
Quizás la frase de Iván Fandiño, "Ser torero es entregar el alma en cada lance", deba ser actualizada para el siglo XXI, especialmente en Soria: "Ser torero es entregar el alma, y si es necesario, también el coxis, en cada revolcón". La próxima vez, en lugar de buscar la bravura en la dehesa, buscaremos la resistencia al impacto en el gimnasio. ¡Viva el torero soriano, que cae y se levanta, aunque el toro solo quiera pastar!
Este artículo es una obra de sátira y humor. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia, o una triste reflexión sobre la misma.
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