
Estimados lectores y sufridos abonados de 'El Tintero Seco',
En nuestra incansable labor de documentar los fenómenos más inexplicables de la provincia, nos vemos obligados a dedicar una nueva entrega a ese enigma envuelto en camiseta rojilla que es el Club Deportivo Numancia. Y es que, cuando uno piensa que ya ha visto todo, que el fondo ha sido alcanzado y que solo queda la superficie, el equipo de Soria nos demuestra que el subsuelo tiene más capas que una cebolla de Almazán.
El Fortín que se Convirtió en Nido de Cernícalos (Visitantes)
Los Pajaritos, ese estadio que antaño infundía respeto y terror a partes iguales entre los equipos rivales, se ha metamorfoseado en un acogedor nido para cernícalos. Cernícalos, sí, pero los que vienen de fuera, que aterrizan, picotean los tres puntos y se van volando, dejando a la afición numantina con el pico abierto y sin migas. La última víctima de esta hospitalidad soriana fue el Atlético Astorga, que, con una estrategia tan compleja como la de un manual de instrucciones de IKEA, se adelantó al minuto 6 y luego se dedicó a observar cómo los rojillos practicaban su danza ancestral de los centros laterales.
Es fascinante observar cómo el Numancia ha perfeccionado el arte de la posesión estéril. Tienen el balón, lo acarician, lo pasean por el centro del campo como si fuera un perro de raza en un concurso de belleza, pero a la hora de la verdad, cuando hay que morder, el can se convierte en un chihuahua asustado. Los centros laterales, que ya son la firma de la casa, se lanzan con la fe de quien arroja una moneda a una fuente, esperando que algún deseo se cumpla. Pero, ay, los deseos no se rematan solos, y la ausencia de un Jony en plenitud se siente más que la falta de cobertura en la Cañada Real.
El Penalti: Un Acto de Caridad (Mal Entendido)
Cuando la desesperación ya olía a rancio en las gradas, el destino, en un arrebato de humor negro, decidió lanzar un salvavidas. Un penalti. ¡Un penalti a cinco minutos del final! El corazón de Soria, que ya latía al ritmo de un tambor de Semana Santa, se aceleró con una esperanza fugaz. Pero, como bien sabemos en esta tierra de contrastes, la esperanza es un bien escaso y efímero. Dani García, en un gesto que solo podemos interpretar como un acto de caridad mal entendida hacia el portero rival, ejecutó un disparo que fue más un pase al guardameta que un intento de gol. Un tiro raso y centrado, como si el balón tuviera miedo a las alturas. La disculpa posterior en redes sociales es un detalle, sí, pero no devuelve los puntos ni el aliento a una afición que ya necesita un desfibrilador.
La Afición: Maestros en la Resignación Activa
Y así, con el pitido final, Los Pajaritos se convirtió en una orquesta de pitos y lamentos. La afición numantina, que ya ha desarrollado una maestría en la resignación activa, despidió a sus héroes (o antihéroes) con una sinfonía de desaprobación que resonó hasta la Plaza Mayor. No es solo una derrota; es la confirmación de una temporada que se arrastra como una procesión sin fin, acumulando despropósitos con la constancia de un reloj suizo.
Ahora, nos dicen que el próximo partido contra el Coruxo es una "final". Una final más en una serie de "finales" que parecen no tener fin. Desde 'El Tintero Seco', solo podemos desearles suerte y, quizás, sugerir que prueben con una nueva táctica: ¿y si intentan meter el balón entre los tres palos? Es una idea loca, lo sabemos, pero a estas alturas, cualquier experimento es bienvenido. O quizás, simplemente, que disfruten del paisaje de Los Pajaritos, que al menos eso no defrauda.
Este artículo es una obra de ficción satírica y no debe tomarse como una representación literal de los hechos. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia (o una triste verdad).
Más información en próximas actualizaciones.