
Desde la redacción de El Tintero Seco, observamos con una mezcla de asombro y resignación cómo Medinaceli se prepara para ser, según el Partido Animalista PACMA, el “nuevo Tordesillas”. Una ambición que, si bien suena grandilocuente, en la práctica se traduce en una nueva convocatoria de protesta y, lo que es más importante para los amantes del drama burocrático, otra tanda de recursos, alegaciones y sentencias que prometen mantener ocupados a jueces, abogados y, por supuesto, a nuestros sufridos lectores.
El próximo 14 de noviembre, la Plaza del Ayuntamiento de Medinaceli será el escenario de una concentración que contará con la presencia estelar de Javier Luna, presidente nacional de PACMA. Su objetivo, según anuncian, es “intensificar la presión social e institucional” para poner fin al Toro Júbilo, ese festejo que, para bien o para mal, se ha ganado el título de “último de su modalidad en Castilla y León”. Un título que, a este paso, podría ser sustituido por “el festejo con más expedientes judiciales por metro cuadrado”.
Quince Años de Lucha: ¿Un Maratón o un Bucle Infinito?
La historia de PACMA contra el Toro Júbilo no es un sprint, es una ultramaratón con obstáculos legales. Desde 2010, cuando presentaron 18.000 firmas (probablemente más firmas que habitantes tiene la provincia, si nos apuran), hasta la fecha, la formación ha desplegado un arsenal de informes veterinarios, documentos gráficos y, sobre todo, una paciencia digna de un monje tibetano o de un funcionario de ventanilla única.
Recordemos el informe de la veterinaria Virginia Iniesta en 2014, que detallaba los daños físicos y psicológicos del astado. Un documento tan exhaustivo que, seguramente, podría servir de manual para entender el estrés postraumático de un toro, o de un concejal de Medinaceli tras quince años de litigios.
El Baile de los Expedientes: Cuando la Justicia Juega al Escondite
Pero donde la saga alcanza cotas de auténtico arte dramático es en el frente legal. En noviembre de 2023, un recurso contencioso-administrativo. En septiembre de 2024, un fallo estimatorio. En noviembre del mismo año, suspensión cautelar. ¡Alegría! Pero no, el Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León, con su habitual sentido del humor, revocó la sentencia. ¿El motivo? El acuerdo plenario “no resultaba susceptible de impugnación”. Es decir, que se habían equivocado de papel. Un detalle sin importancia, ¿verdad?
Y así, el baile continuó: recurso de casación ante el Tribunal Supremo en junio de 2025, que, como era de esperar, también decayó. Es como si la justicia, en lugar de impartir sentencias, estuviera jugando al “pasa la patata caliente” con el expediente del Toro Júbilo. Mientras tanto, en Medinaceli, la gente sigue con sus cosas, preguntándose si algún día el toro saldrá a la plaza o si se quedará para siempre en los juzgados.
El Giro Inesperado: El Toro Júbilo, ¿Bien de Interés Cultural?
Y cuando pensábamos que no podía haber más giros de guion, llegó la declaración de Bien de Interés Cultural (BIC) para el festejo. ¡Genial! Ahora, además de luchar contra la tradición, PACMA tiene que luchar contra la cultura. En diciembre de 2025, se designaron como parte interesada. En marzo de 2026, presentaron más de cincuenta páginas de alegaciones técnicas. Cincuenta páginas para explicar por qué un toro con fuego en los cuernos no es precisamente un cuadro de Goya. En abril y julio de 2026, más demandas y recursos. Parece que el Toro Júbilo no solo es una tradición, sino también una inagotable fuente de trabajo para la abogacía.
En El Tintero Seco, solo podemos aplaudir la tenacidad de PACMA y la resiliencia de Medinaceli. Y, por supuesto, la capacidad de nuestros tribunales para generar una cantidad ingente de papel. Quizás el verdadero “nuevo Tordesillas” no sea un lugar, sino un archivo judicial lleno hasta los topes con la historia interminable del Toro Júbilo.
Este artículo es una obra de sátira y humor. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia, o quizás no.