
En una jugada maestra de marketing de la desesperación, el Museo Numantino de Soria ha decidido que, si los adultos no vienen por voluntad propia, serán sus retoños quienes los traigan de la oreja. Con motivo del Día Internacional de los Museos, el centro ha inaugurado una exposición de dibujos infantiles que, según la directora Marian Arlegui, convierte a los escolares en auténticos 'prescriptores culturales'. Traducido del lenguaje burocrático, esto significa que, ante la incapacidad de seducir al público maduro, se ha optado por el chantaje emocional infantil.
La idea es tan simple como alarmante: si un niño de cinco años dibuja un hacha paleolítica (probablemente con más entusiasmo que rigor histórico), su progenitor se sentirá moralmente obligado a visitar la exposición. «Algunos de los niños traen a sus padres al museo», ha declarado Arlegui, con una mezcla de orgullo y, sospechamos, resignación. Es la última frontera de la dinamización cultural: delegar la responsabilidad de la asistencia en seres que aún creen en los Reyes Magos.
La Niñocracia Cultural: ¿El Futuro de Soria?
La delegada territorial de la Junta en Soria, Yolanda de Gregorio, no ha dudado en sumarse al coro de alabanzas a esta estrategia, subrayando el «carácter estratégico de los museos como espacios de dinamización cultural y social». Estratégico, sí, como un último recurso cuando todas las demás estrategias han fracasado estrepitosamente. ¿Estamos acaso ante el nacimiento de la Niñocracia Cultural, donde la supervivencia de nuestro patrimonio dependerá exclusivamente de la capacidad de convencimiento de un preescolar?
Los datos, eso sí, son contundentes: más de 2.000 visitas infantiles en cuatro meses. Una cifra que, si bien es encomiable para el público infantil, nos obliga a preguntarnos: ¿y los adultos? ¿Dónde están los adultos de Soria mientras sus hijos salvan la cultura? ¿Están en casa viendo el fútbol? ¿Debatiendo sobre el precio de la gasolina? ¿O simplemente hibernando, esperando a que el invierno soriano les dé una excusa para no salir?
Dibujos que Hablan (y Reprochan)
La exposición reúne el trabajo de 189 escolares de entre 5 y 12 años que, tras recorrer las salas, han plasmado su interpretación del museo. La directora Arlegui ha ensalzado la «imaginación y creatividad» que «nos devuelven un mundo realmente rico y especial». Y no lo dudamos. Es probable que esos dibujos, con sus trazos inocentes y sus colores vibrantes, contengan más vida y espontaneidad que muchas de las reuniones de planificación cultural que se celebran en esta provincia.
Quizás, si miramos con detenimiento, no solo veremos objetos del Paleolítico o la arquitectura del edificio, sino también un mensaje subliminal: «¡Papá, mamá, venid al museo, que esto es importante! Y si no venís, me chivo a la UNESCO». Porque, no nos engañemos, el lema de la UNESCO de este año, «los museos en un mundo dividido», cobra un nuevo significado en Soria: el mundo dividido entre los que visitan el museo y los que necesitan que un niño les obligue a hacerlo.
Desde El Tintero Seco, aplaudimos la iniciativa, no sin cierta melancolía. Si los niños son la última esperanza de nuestra cultura, quizás sea el momento de que los adultos hagamos un examen de conciencia. O, al menos, de que les compremos más lápices de colores a nuestros pequeños dictadores culturales.
Este artículo es una obra de sátira y humor. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia... o una triste verdad.