
En la remota y orgullosa localidad de San Pedro Manrique, mientras el resto del mundo debate sobre la inteligencia artificial, el cambio climático o si el último capítulo de la serie de moda ha sido un fiasco, ellos tienen una preocupación mucho más… carnal. Y es que, un año más, el municipio ha sido fiel a su cita con la tradicional matanza del cerdo, un evento que, más que una costumbre, parece ser una declaración de principios: “Aquí se come lo que se mata, y punto”.
Desde la redacción de El Tintero Seco, observamos con una mezcla de admiración y perplejidad cómo San Pedro Manrique se aferra a sus raíces con la tenacidad de un jamón en una despensa soriana. Mientras otras localidades luchan por atraer turistas con festivales de música electrónica o rutas de senderismo con códigos QR, en San Pedro la atracción principal sigue siendo un rito ancestral donde el protagonista, pobre de él, no tiene voz ni voto (aunque sí mucho tocino).
El Cerdo, Héroe Anónimo de la Soria Vaciada
No nos engañemos. En la Soria que lucha contra la despoblación, el cerdo de San Pedro Manrique es, en cierto modo, un héroe. Es el motor económico de un día, el aglutinador social de la semana y, sin duda, el principal proveedor de colesterol de la comarca. Su sacrificio anual no es solo una tradición; es un acto de fe. Fe en que el invierno será menos crudo con un buen chorizo en la lumbre, fe en que la comunidad se mantendrá unida alrededor de una mesa repleta, y fe en que, pese a las normativas europeas, los inspectores de sanidad y los veganos militantes, el espíritu de la matanza perdurará.
Este año, según nuestras fuentes (que prefieren el anonimato para no ser señaladas como “anti-cerdo”), la organización ha sido impecable. Se han cumplido, dicen, todas las normativas habidas y por haber, desde la temperatura del agua para escaldar hasta el número de cuchillos permitidos por operario. Uno casi esperaría que el propio cerdo tuviera que firmar un consentimiento informado antes de pasar a mejor vida, o al menos, que se le ofreciera un último deseo. Quizás un paseo por el Cañón del Río Lobos, o una visita a Numancia, para que al menos muriera con algo de cultura soriana en su haber.
¿Progreso o Regresión Gastronómica?
La pregunta que nos hacemos en este humilde periódico satírico es: ¿hasta dónde llega la tradición y dónde empieza la terquedad? Mientras el mundo avanza hacia la carne cultivada en laboratorio y las dietas a base de algas, San Pedro Manrique sigue enarbolando la bandera del “aquí se come lo que se mata”. Y no es que estemos en contra, ¡Dios nos libre! Un buen torrezno es un torrezno. Pero, ¿no podríamos, quizás, innovar un poco? ¿Una matanza con drones? ¿Un cerdo con chip de trazabilidad que te cuente su vida antes de ser embutido? ¿O, al menos, un servicio de delivery de morcilla fresca?
La verdad es que la matanza del cerdo es un espejo de la propia Soria: resistente, auténtica y, a veces, un poco ajena a las prisas del siglo XXI. Y quizás ahí resida su encanto. En un mundo que cambia a la velocidad de la luz, San Pedro Manrique nos recuerda que hay cosas que, por mucho que pasen los años, siguen siendo… cerdamente tradicionales.
Así que, brindamos (con un buen vino de la Ribera, claro) por San Pedro Manrique y por sus cerdos. Que sigan siendo fieles a su cita, y que nosotros sigamos teniendo algo de lo que reírnos (y de lo que comer) en este rincón de la Soria profunda.
Este artículo es una obra de ficción satírica y no debe tomarse en serio. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia (y motivo de risa).