
Estimados lectores y sufridos conductores sorianos, la Junta de Gobierno Local, bajo la batuta de nuestro insigne alcalde, ha vuelto a deleitarnos con una de esas decisiones que nos hacen sentir que vivimos en una ciudad con un sentido del humor muy particular. En una sesión que pasará a los anales de la historia local (o al menos a la sección de obituarios de nuestra cartera), se ha aprobado un incremento del 18% en la tarifa de la zona azul. Sí, han leído bien. Un dieciocho por ciento. Parece que el aparcamiento en Soria está a punto de convertirse en un bien de lujo, una experiencia casi mística reservada solo para los más pudientes o los más desesperados.
Según fuentes municipales, esta medida responde a la «solicitud de la empresa concesionaria» y a la «necesidad de cubrir los costes de explotación del servicio», ya que el Índice de Precios de Consumo (IPC) no se había actualizado en los últimos años. ¡Pobre empresa! ¡Qué sufrimiento el suyo, tener que gestionar un servicio público sin que sus beneficios se ajusten milimétricamente a la inflación! Es casi una tragedia griega moderna. Nos imaginamos a los directivos de la concesionaria, con lágrimas en los ojos, rogando al consistorio que les permitiera seguir ofreciéndonos el inestimable servicio de buscar aparcamiento mientras nos vacían el monedero. Y el Ayuntamiento, con su habitual sensibilidad, ha acudido al rescate, demostrando que la salud financiera de una empresa privada es, sin duda, una prioridad de primer orden para el bienestar de todos los sorianos.
Pero no todo es penumbra y parquímetros caros, ¡oh no! En la misma sesión, con una mano que aprieta y otra que acaricia (o más bien, que da una palmadita en la espalda), se han aprobado las primeras subvenciones para entidades del Tercer Sector y colectivos juveniles. Una partida global de 5.560 euros en esta primera fase, de un presupuesto total de 20.000 euros. Para que nos hagamos una idea, si usted aparca su coche durante una hora al día, cinco días a la semana, el incremento anual de la zona azul podría acercarse peligrosamente a lo que algunas de estas loables entidades recibirán para «dinamizar el tejido social de la ciudad».
Entre los afortunados, encontramos a la Hermandad de Donantes de Sangre, Cruz Roja Soria, Fundación APIP-ACAM y Fundación Itaka Escolapios, cada una con la generosa suma de 1.200 euros. La Fundación Futudis, por su parte, se lleva 760 euros. No nos malinterpreten, cada euro destinado a estas causas es bienvenido, pero la aritmética municipal nos deja perplejos. ¿Es que la sensibilización contra la violencia de género o la alfabetización de migrantes valen menos que el coste de un par de horas extra de aparcamiento al mes para la empresa concesionaria?
Y para que la juventud no se sienta olvidada en este festín de prioridades, la Asociación Cultural 'Cuando el grajo vuela bajo' recibirá 3.255 euros para un mural con latas y talleres de reciclaje. El Casino Círculo Amistad Numancia, por su parte, se embolsará 2.359 euros para conciertos, talleres de velas y certámenes de microrrelatos. ¡Qué visión! Mientras los coches pagan más, los jóvenes podrán reciclar latas y encender velas. Una metáfora perfecta de cómo se ilumina el futuro de Soria.
En definitiva, la Junta de Gobierno Local ha demostrado una vez más su habilidad para equilibrar la balanza: un golpe al bolsillo del conductor para asegurar la rentabilidad de una empresa, y unas migajas de pan para las causas sociales que, al fin y al cabo, son el alma de la ciudad. ¡Qué tiempos estos en los que el asfalto tiene más valor que el altruismo!
Este artículo es una obra de ficción satírica de 'El Tintero Seco' y no debe tomarse como información veraz. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia (o no).
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