
En una de esas tardes sorianas en las que el sol de junio empieza a declinar y el aire promete una tregua del calor, llegó a nuestra redacción, con la puntualidad de un reloj suizo (o de un funcionario en hora de salida), la noticia que ha sacudido los cimientos de la política local… o al menos, los ha hecho vibrar un poquito, como un móvil en modo vibración olvidado en el bolsillo de un abrigo de invierno.
Yolanda Santos, hasta ayer una de las voces (o al menos, una de las presencias) en el hemiciclo municipal, ha decidido colgar los guantes, la militancia y, lo que es más importante, el acta de concejala. Y lo ha hecho, según su comunicado, con una nobleza que haría palidecer a cualquier caballero andante: para no perjudicar ni al Ayuntamiento de Soria ni al Partido Socialista. ¡Qué gesto! ¡Qué abnegación! Uno casi puede imaginarse a la concejala, en la soledad de su despacho, meditando sobre el peso de la responsabilidad, mientras el resto de Soria se preguntaba qué había pasado 'ayer' para que hoy tocara semejante sacrificio.
La Tranquilidad del Justo (y del que se va a casa)
El comunicado, redactado con la precisión de un notario y la frialdad de un témpano de hielo en el Duero, insiste en la «plena tranquilidad» y la «absoluta confianza en la Justicia». Es casi poético. Es como decir: «Me voy, pero que conste que estoy muy tranquila. Y confío en la Justicia, que ya se sabe que en Soria trabaja a un ritmo… digamos… contemplativo.» Esta confianza es tan sólida que uno podría usarla como base para un nuevo puente sobre el río, si no fuera porque ya tenemos suficientes puentes que no llevan a ninguna parte.
Y claro, no podía faltar la petición de «respeto para todas las personas afectadas y para sus familias» y «prudencia a la hora de tratar estas informaciones». Es decir, que nos callemos todos, que ya se encargará la Justicia de esclarecerlo todo, probablemente cuando los pinos de la Dehesa hayan crecido un metro más y los celtíberos hayan vuelto a conquistar Numancia. Una estrategia impecable para que el tema se diluya como un azucarillo en el café de la mañana, antes de que nadie tenga tiempo de preguntar qué 'informaciones' eran esas que se conocieron 'ayer'.
Un Adiós con Sabor a 'Hasta Luego' (o a 'Nunca Más')
La renuncia de la concejala Santos nos deja varias reflexiones, dignas de una tertulia en cualquier bar de la Plaza Mayor:
- El arte de la dimisión estratégica: ¿Es un acto de heroísmo cívico o una maniobra para evitar un mayor chaparrón? En Soria, la línea entre ambos es tan fina como el hilo de una telaraña en un día de cierzo.
- La velocidad de la Justicia soriana: La confianza en que «todo se esclarecerá con el tiempo» es un eufemismo que podría figurar en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Soriana. El tiempo, aquí, es una variable elástica, capaz de estirarse hasta el infinito.
- El misterio de las 'informaciones conocidas': ¿Qué se sabe? ¿Quién lo sabe? ¿Por qué no lo sabemos nosotros, los contribuyentes que pagamos los sueldos? Son preguntas que, como el misterio de la trufa negra, solo se revelan a unos pocos elegidos.
Desde 'El Tintero Seco', solo podemos aplaudir la «responsabilidad personal e institucional» de la concejala. En estos tiempos de turbulencias políticas, siempre es un alivio ver a alguien que prefiere dar un paso al lado antes de que le den un empujón. Soria, sin duda, recordará este gesto como un hito en la historia de las dimisiones 'por el bien común'. O al menos, lo recordará hasta que llegue la próxima noticia, que en esta bendita tierra, siempre es igual de sorprendente y previsible a la vez.
Este artículo es una obra de ficción satírica y no debe tomarse como información veraz. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia, o quizás, una triste verdad.