Soria Despide a su Mesías Sanjuanero: Un Sorteo con más Nostalgia que Voluntarios para la Cuadrilla de San Juan

sábado, abr. 4, 2026 | 4 minutos de lectura | Actualizado en sábado, abr. 4, 2026

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Soria Despide a su Mesías Sanjuanero: Un Sorteo con más Nostalgia que Voluntarios para la Cuadrilla de San Juan

El Palacio de la Audiencia, templo sagrado de la burocracia y el fervor sanjuanero, ha sido testigo de un evento que pasará a los anales de la historia local, o al menos, a las crónicas de este humilde periódico. El Sorteo de San Juan 2026 no solo ha servido para designar a los nuevos mártires voluntarios de las fiestas, sino que ha sido el escenario de la despedida más lacrimógena y autocomplaciente que Soria ha visto desde que se agotaron las existencias de pañuelos en el Día de la Madre. Carlos Martínez Mínguez, nuestro alcalde eterno y ahora aspirante a santo patrón de las Cortes autonómicas, ha dicho adiós a su silla presidencial en la Comisión de Festejos, dejando tras de sí un vacío... y una cuadrilla sin jurados.

El Adiós del Emperador Sanjuanero: Un Cuarto de Siglo de Sacrificio (Ajenos)

La tarde del sábado fue un festival de emociones contenidas y aplausos programados. Con el Palacio a reventar de vecinos ataviados con sus colores (presumiblemente para disimular las ojeras de la espera), Martínez Mínguez se subió al atril para su última gran performance. “Hoy para mí no es un día cualquiera”, sentenció con voz quebrada, como si en lugar de dejar la Comisión de Festejos, estuviera abdicando del trono de Narnia. Veinticinco años, un cuarto de siglo, ¡el tiempo que tardan en crecer las setas de Valonsadero!, dedicado a presidir un sorteo y a recordar a los jurados que son la “historia viva de la ciudad”. Una historia, por cierto, que se escribe con la tinta del sudor y el dinero de los voluntarios, no con la del erario público.

El regidor, en un arrebato de humildad (o de guion bien ensayado), hizo un repaso a su trayectoria, recordando “generaciones distintas, formas distintas, nombres y personas distintas, pero siempre la misma esencia, idéntico sentimiento sanjuanero”. Uno casi podía ver las lágrimas rodar por las mejillas de los presentes, o quizás era el vaho de la emoción colectiva por el fin de una era. No faltaron las menciones a Valonsadero, a La Saca, a los Lunes de Bailas, y por supuesto, a su familia. “Gracias a mis padres por educarme como sanjuanero, por hacerme creer y sentir esta tierra, y a mis hijos por entender el valor de nuestros sanjuanes”. Un discurso tan conmovedor que hasta el más cínico de los periodistas de El Tintero Seco tuvo que contener una arcada.

El Autogobierno Vecinal: ¿Obligación Moral o Sutil Coerción?

Más allá del melodrama personal, Martínez se adentró en el significado “histórico” de las fiestas, citando ordenanzas de 1839 para recordar que el cargo de jurado es “más una obligación moral que una obligación legal”. ¡Ah, la moral! Esa fuerza intangible que empuja a los sorianos a vaciar sus bolsillos y sacrificar su tiempo libre por el bien común, mientras otros se limitan a aplaudir desde la barrera. El alcalde ensalzó el “modelo organizativo único” de Soria, donde los barrios se autoorganizan y sufragan los gastos “a escote”. Una maravilla de la autogestión, si no fuera porque, como veremos, la moralidad tiene sus límites cuando llega la hora de poner el hombro (y la cartera).

Su mensaje de futuro, “Las fiestas de San Juan han sido, son y serán lo que los sorianos queramos que sean”, resonó en el auditorio. Una frase tan profunda como un charco en un día de lluvia, que convenientemente ignora la pequeña letra pequeña: “...siempre y cuando haya suficientes sorianos dispuestos a querer que sean, y a pagar por ello”.

La Cuadrilla de San Juan: El Elefante Vacante en la Sala

Y aquí es donde la realidad, esa aguafiestas implacable, irrumpe en el idílico relato. Mientras el ex-alcalde se despedía entre vítores y promesas de un futuro brillante en las Cortes, el Sorteo confirmaba que, de las doce cuadrillas, once ya tienen sus jurados voluntarios confirmados. Once. Un número casi perfecto. Pero, ¿y la duodécima? La cuadrilla de San Juan se mantiene sin voluntarios. ¡Sorpresa! Parece que la “obligación moral” y el “idéntico sentimiento sanjuanero” no son tan universales como se creía.

Una terna provisional ha sido constituida, un eufemismo elegante para decir “hemos puesto a tres pobres almas en la lista a ver si pican”, pero la plaza sigue vacante. La Comisión de Festejos tiene ahora un mes de margen, hasta el Catapán, para encontrar a los responsables. Un mes para convencer a alguien de que ser jurado de la Cuadrilla de San Juan es una experiencia enriquecedora, llena de alegría, camaradería... y un sinfín de quebraderos de cabeza y gastos inesperados. Quizás deberían haber sorteado también la responsabilidad de encontrar a los jurados para la cuadrilla de San Juan, ¿no? O quizás, y solo quizás, la “esencia” sanjuanera empieza a necesitar algo más que discursos emotivos y pañuelos mojados.

Este artículo es una obra de sátira y ficción. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia, o quizás, una triste verdad disfrazada de humor.

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