
En la apacible Soria, donde el mayor drama suele ser si el Numancia sube o baja, ha llegado un nuevo vendaval legislativo desde la capital: la flamante prohibición de las redes sociales para menores de 16 años. Una medida que, según el Gobierno central, nos salvará del apocalipsis digital y devolverá a nuestros jóvenes a la sana costumbre de mirar las musarañas o, en su defecto, los tejados de la Plaza Mayor. Aquí, en 'El Tintero Seco', nos preguntamos si la solución no será más bien un parche digital en un cubo lleno de agujeros.
La Gran Muralla Digital: ¿Protección o simple postureo?
La iniciativa, presentada con bombo y platillo, promete una "verificación de edad de verdad", algo que en Soria suena a ciencia ficción, donde la mayor verificación que se hace es si el DNI es de verdad para entrar a la discoteca. La idea es elevar la edad de consentimiento digital de 14 a 16 años, como si dos años más de espera fueran a convertir a nuestros adolescentes en monjes cartujos inmunes a los algoritmos. Los expertos de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), que llevan años pidiendo recursos para regular de verdad, deben estar partiéndose de risa (o de pena) al ver cómo se confunde un eslogan con una política pública.
El 'apagón' soriano: ¿Dónde irán nuestros jóvenes a 'desconectarse'?
Con la prohibición en ciernes, la gran pregunta en Soria es: ¿qué harán ahora nuestros menores? ¿Volverán a las canicas? ¿Se dedicarán a la filatelia? O, más probablemente, ¿encontrarán la forma de saltarse la restricción con la misma facilidad con la que se saltan las clases de matemáticas? La medida ignora que el problema no es "a qué edad entras", sino "qué pasa dentro cuando entras". Sin regular los modelos de negocio adictivos, los algoritmos que te secuestran la atención y la publicidad invasiva, esta prohibición es como intentar vaciar el Duero con una cuchara: mucho esfuerzo para un resultado nulo.
La CNMC, el árbitro sin silbato: Un drama europeo con sabor a chorizo soriano
Mientras el Gobierno se centra en el titular, la Comisión Europea lleva tiempo tirando de las orejas a España por no habilitar con competencias y recursos a la CNMC como Coordinador de Servicios Digitales. Es decir, tenemos un árbitro designado, pero sin silbato, ni tarjetas, ni siquiera botas de fútbol. La situación es tan surrealista que ha llegado al Tribunal de Justicia de la Unión Europea, demostrando que en España somos expertos en crear organismos sin dientes, como si la burocracia fuera un deporte olímpico. Sin un organismo fuerte que pueda actuar contra las grandes plataformas, todo lo demás es, como diría un buen soriano, "paja y viento".
Verificación de edad: ¿Un selfie con el DNI o un sistema que funcione de verdad?
La idea de una verificación de edad robusta suena bien, pero la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) ya propuso en 2023 soluciones que protegían la privacidad sin convertir la navegación en un Gran Hermano digital. Sin embargo, parece que es más fácil vender la imagen de un 'ban' total que implementar sistemas inteligentes 'por diseño y por defecto'. En lugar de obligar a las plataformas a ser seguras desde el principio, con geolocalización y cámaras desactivadas por defecto, preferimos la épica de la prohibición. Es como intentar evitar que los niños se caigan del columpio prohibiendo los parques, en lugar de asegurar los columpios.
Así que, mientras nuestros políticos se congratulan por haber 'salvado' a la juventud de las pantallas, en Soria seguiremos viendo a los chavales con la mirada perdida, no por el móvil, sino por la desesperación de no saber qué hacer con tanto tiempo libre. Quizás la próxima medida sea prohibir el aburrimiento, aunque eso ya sería meterse en terrenos pantanosos.
Este artículo es pura sátira y no debe tomarse más en serio que una promesa electoral.