
Soria, tierra de pinares, setas y, al parecer, de rescates aéreos que son un misterio digno de Iker Jiménez. La semana pasada, una montañera de 60 años con un tobillo rebelde en el Pico Urbión nos recordó que, aunque el aire es gratis, volar no lo es. Y aquí, en El Tintero Seco, nos hemos puesto las gafas de Sherlock Holmes (las de aumento, claro) para desentrañar el enigma: ¿quién paga la fiesta cuando el helicóptero de la Junta se convierte en tu taxi aéreo personal?
El Helicóptero: ¿Taxi Aéreo o Lotería con Alas?
Imaginen la escena: uno, con el tobillo como un botijo, esperando en la ladera del Urbión. De repente, el sonido celestial de un rotor. ¡Es el helicóptero! La salvación. Pero, ¿a qué precio? La Junta de Castilla y León, con su habitual precisión de relojero suizo, ha fijado la tarifa: 1.966 euros la hora de vuelo. Sí, han leído bien. Casi dos mil euros. A eso súmenle los rescatadores (32,30€/hora), los operadores de logística (25,47€/hora) y los técnicos de mando (37,83€/hora). Un cálculo rápido nos dice que un rescate “sencillito” no baja de los 2.000 euros. Con eso, en Soria, te compras un buen jamón, pagas la hipoteca de un mes o te haces socio vitalicio de la peña de tu pueblo.
La buena noticia, para la mayoría de los mortales con tobillos frágiles, es que casi nadie paga. ¡Aleluya! El 112 y la Guardia Civil actúan por la gracia divina (y constitucional) de la asistencia pública. Es decir, que si te tuerces el tobillo con tus botas de montaña reglamentarias, tu mapa del IGN y sin haber ignorado la alerta de granizo, puedes respirar tranquilo. Tu rescate es un regalo del cielo (y del contribuyente).
La Imprudencia: El Fantasma que Vacía Bolsillos
Pero, ¡ojo! Que no todo es barra libre en el cielo soriano. La Junta, que es muy de poner la miel en los labios y luego retirarla, se reserva el derecho a pasar la factura si detecta “imprudencia”. Y aquí es donde la cosa se pone interesante, y un poco kafkiana. ¿Qué es imprudencia para la administración? Pues, según la Ley 12/2001 de Tasas y Precios Públicos (que suena a manual de instrucciones de lavadora), hay tres supuestos claros:
- Falta de equipamiento adecuado: ¿Se te ocurrió subir al Urbión en chanclas? ¿O con los zapatos de charol de la boda de tu prima? Pues prepárate para la dolorosa.
- Ignorar avisos meteorológicos: Si la AEMET te dice que viene el diluvio universal y tú te vas a hacer un picnic en la cima, la factura del helicóptero te llegará con un rayo dibujado.
- Acceder a zonas prohibidas: ¿Esa valla con el cartel de “Peligro, no pasar”? Pues era en serio.
Lo curioso es que, a pesar de este detallado manual de “cómo arruinarse en la montaña”, la tasa apenas se aplica. Es como el monstruo del lago Ness soriano: todo el mundo habla de él, pero nadie lo ha visto cobrar. La ley, nos dicen, funciona más como un “elemento disuasorio”. Es decir, para que la gente sepa que un rescate no es gratis en según qué condiciones y extreme la prudencia. O, como lo vemos en El Tintero Seco, para que la gente se lo piense dos veces antes de ir de excursión con el bañador y las aletas.
El Gran Dilema Soriano: ¿Disuadir o Recaudar?
Aquí reside la gran paradoja. Tenemos un servicio de rescate de élite, con costes astronómicos, y una ley que permite cobrarlo en casos de imprudencia. Pero la realidad es que la administración prefiere que la gente se asuste y se ponga las botas correctas, antes que llenar las arcas con el dinero de los despistados. ¿Será que el papeleo para demostrar la imprudencia es más caro que el propio rescate? ¿O que en Soria somos tan prudentes que nunca caemos en esos supuestos?
Quizás la Junta debería considerar una “tasa por mal gusto en el equipamiento de montaña” o un “recargo por selfie en zona prohibida”. Al menos, así tendríamos algo más que comentar en el bar, aparte del tiempo y el precio de las patatas. Mientras tanto, sigan disfrutando de nuestras maravillosas montañas, pero, por favor, ¡con cabeza y con calzado adecuado! No vaya a ser que el helicóptero venga, te salve, y luego te mande una carta certificada con el desglose de tu “aventura imprudente”.
Este artículo es una obra de ficción satírica de El Tintero Seco y no debe tomarse como una fuente de información veraz sobre las tarifas de rescate, aunque los precios mencionados sean, lamentablemente, reales.