Soria, la sequía burocrática: Cuando el agua está, pero el permiso no

jueves, oct. 8, 2026 | 4 minutos de lectura | Actualizado en jueves, oct. 8, 2026

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Soria, la sequía burocrática: Cuando el agua está, pero el permiso no

En las oficinas de la Confederación Hidrográfica del Duero (CHD), el calendario no es una mera sucesión de días, sino un documento de alto valor estratégico, especialmente cuando se trata de la gestión del recurso hídrico. Con la solemnidad de un anuncio de fin de ciclo cósmico, la CHD ha declarado el 30 de septiembre como el Día D del regadío ordinario, transformando cualquier gota de agua posterior en un asunto de estado, o al menos, de expediente extraordinario.

El Fin de la Era Húmeda Ordinaria: Un Hito Administrativo

Desde el pasado 30 de septiembre, fecha que pasará a los anales de la burocracia hídrica, el ciclo de regadío en la cuenca del Duero ha sido formalmente clausurado. Esto significa que, para cualquier agricultor soriano que ose pensar en regar más allá de esta fecha, su actividad deja de ser una práctica agrícola para convertirse en una operación de alto riesgo administrativo. La CHD, en su infinita sabiduría, ha contabilizado la friolera de tres (sí, TRES) peticiones formales para demorar el cese de las captaciones más allá del 15 de octubre, la fecha límite para los mortales.

Es un número que invita a la reflexión: ¿tan eficientes son nuestros agricultores que terminan siempre a tiempo, o tan desalentador es el proceso que solo los más valientes (o desesperados) se atreven a intentarlo? Desde El Tintero Seco, nos inclinamos por la segunda opción, con un toque de heroísmo rural.

Protocolos de Prórroga: La Ciencia de la Excepción

Para aquellos que, con una audacia digna de un explorador polar, decidan aventurarse en el terreno de la prórroga, la CHD ha diseñado un protocolo que haría palidecer al mismísimo CERN. No basta con tener sed, ¡hay que demostrarlo con rigor científico! Los requisitos son claros, y por claros, queremos decir exhaustivos:

  • No haber sobrepasado el volumen asignado. (¡Claro! ¿Quién querría más agua de la que le toca?)
  • Que el embalse regulador de referencia mantenga un volumen superior al nivel mínimo fijado por la Comisión de Desembalse a 30 de septiembre. (Porque el agua en el embalse es como el dinero en el banco: está, pero no es tuyo hasta que te lo aprueban).
  • Remitir una relación técnica detallada que incluya:
    • Periodos previstos de derivación (con horas y minutos, por favor).
    • Extensión en hectáreas (al milímetro, no vaya a ser).
    • Tipo de cultivo implantado (¿es un girasol o una ilusión?).
    • Volumen total acumulado (hasta la última gota).
    • Caudal instantáneo máximo estimado (con tres decimales, si es posible).

Este nivel de detalle, por supuesto, garantiza que solo las causas verdaderamente “graves” y “justificadas” (léase: aquellas que sobrevivan al papeleo) obtengan el preciado permiso. Porque, ¿qué es un agricultor sin un buen máster en gestión de expedientes?

El Caso Barrios de Luna: Un Estudio de Resistencia Burocrática

Un ejemplo paradigmático de esta epopeya administrativa lo encontramos en el Sindicato Central de Barrios de Luna. Han solicitado dos fases operativas: la primera, del 7 al 9 de octubre, ya cuenta con la “preceptiva autorización administrativa”. ¡Enhorabuena! Tres días de regadío, tras un proceso que probablemente duró más que el propio riego.

Pero aquí viene lo bueno: el segundo turno, fijado para el 21, 22 y 23 de octubre, ¡rebasa el límite temporal ordinario! Esto, amigos lectores, es una afrenta al calendario burocrático. Su aprobación queda supeditada a un “tratamiento excepcional”, que, como bien sabemos, es sinónimo de “más papeles, más sellos y, posiblemente, una ofrenda floral a la diosa de la paciencia”.

Lo más irónico del asunto es que esta entidad regante no ha agotado su asignación y la presa de Barrios de Luna acumulaba 73,2 hectómetros cúbicos a 1 de octubre. Es decir, hay agua. Mucha agua. Suficiente agua para regar no solo sus campos, sino probablemente también las oficinas de la CHD, si fuera necesario. Pero el agua, como el amor, no es libre si no hay un permiso que lo certifique.

Conclusión: La Hidráulica del Absurdo

En El Tintero Seco, aplaudimos la rigurosidad de la CHD. Es reconfortante saber que, incluso con los embalses llenos y los agricultores con asignaciones sin agotar, el sistema se mantiene firme en su propósito de garantizar que cada gota de agua sea un triunfo burocrático. Porque, al final, ¿qué es más importante: que los cultivos crezcan o que los expedientes se archiven correctamente?

Este artículo es una obra de sátira y humor. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia... o una triste verdad.

Más información en próximas actualizaciones.

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