
Soria, la Venecia del Duero... sin barco, pero con un máster en justificaciones. Así podríamos resumir la situación actual de nuestra querida capital, donde los proyectos turísticos parecen tener más vida en los PowerPoints que en la realidad. El alcalde, Javier Antón, ha salido al paso de las críticas del Partido Popular con una serie de explicaciones que, más que aclarar, han dibujado un panorama digno de un sainete.
El Barco del Duero: Una Odisea sin Mar (ni río)
El buque insignia (nunca mejor dicho) de la ambición turística soriana, ese barco eléctrico y solar que debía surcar las aguas del Duero, se ha convertido en un auténtico fantasma. Se habló de él en 2021, se consiguió financiación europea en 2023, y ahora, en septiembre de 2026, el plazo para justificar los fondos se agota... y el barco, señores, ni está ni se le espera. Tampoco el pantalán. Uno se pregunta si el Duero, en su infinita sabiduría, se ha negado a colaborar con tan magna empresa.
El Consistorio, con una entereza admirable, ya asume que perderá "al menos, parte" de los 2,6 millones de euros comunitarios. El alcalde, con la serenidad de un capitán que ve su navío hundirse lentamente, asegura que lo importante es que Soria "vaya a contar con ese recurso turístico". ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Con qué dinero? Detalles sin importancia cuando la visión es tan... acuática.
Las razones de este retraso son tan variopintas como un menú de tapas soriano: "es complicado y complejo para una ciudad como Soria licitar una embarcación de este tipo" (claro, ¿quién iba a pensar que comprar un barco requiere saber de barcos?), "componentes de fuera de España" (¿acaso esperábamos fabricar microchips solares en Garray?), y, la joya de la corona, "Europa es muy exigente". ¡Pobre Europa, siempre pidiendo que se cumplan los plazos y se justifique el dinero! Qué manía.
La Casa del Guarda: Un Millón de Euros en el Monte de la Desidia
Si el barco es un fantasma, la Casa del Guarda de Valonsadero es un castillo encantado. Un millón de euros de inversión, según la Junta, para un espacio que, al estar en un monte de utilidad pública, solo puede tener una concesión de 25 años. ¿Quién, en su sano juicio empresarial, va a invertir semejante dineral para recuperarlo en un cuarto de siglo, sabiendo que "en verano va muy bien, pero el invierno es muy largo, sobre todo entre semana"? La respuesta, como era de esperar, es: nadie.
La brillante idea de una "gastroneta" para amenizar la espera también naufragó por falta de interés. Parece que ni los food trucks quieren aventurarse en la soledad invernal de Valonsadero. Ahora, la solución pasa por "conversar" con hosteleros y la Junta, "echar bien los números" (¿no se hizo esto antes de pedir un millón?), y quizás, solo quizás, que el Ayuntamiento asuma parte de la inversión. Es decir, que el dinero público, que ya se ha demostrado tan eficaz en el caso del barco, venga al rescate.
Las instalaciones, según el alcalde, están en "condiciones muy básicas". Uno se imagina baños de la época de la carreta y cocinas que harían llorar a Arguiñano. Pero no hay prisa, no vaya a ser que licitemos y, ¡horror!, quede desierto. Mejor seguir conversando, que es una actividad muy productiva y no genera gastos inesperados.
Otros Milagros y Promesas al Horizonte
En un alarde de optimismo, el alcalde también celebró el anuncio del Ministerio de la licitación de las obras de la estación de Soria. Un anuncio sin plazos ni empresa adjudicataria, pero que "garantiza la vuelta del sistema ferroviario". Es como celebrar que te han prometido un billete de lotería sin saber si está premiado o si existe la lotería. Para diciembre, promete, el tren volverá. ¿Quizás en el mismo barco del Duero?
Y el Centro de Acogida de Protección Internacional, ese sí, va "muy avanzado" y "cumpliendo plazos". La obra va bien. Lo que no va tan bien es saber cuándo se pondrá en marcha, porque eso requiere "equipamiento y RPT". Es decir, que el edificio estará, pero los muebles y el personal... eso ya es otra historia. Como tener un coche de lujo sin motor ni conductor.
En fin, Soria sigue demostrando que la gestión pública es un arte, una performance donde la improvisación y la búsqueda de excusas son las verdaderas protagonistas. Mientras tanto, los sorianos esperamos, con la paciencia que nos caracteriza, que algún día el barco flote, la Casa del Guarda abra, y el tren llegue a tiempo. O al menos, que las justificaciones sean cada vez más creativas.
Este artículo es una obra de ficción satírica de 'El Tintero Seco' y no debe tomarse como información veraz. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia... o no.