
Soria ¡YA! ha enviado una carta a Transportes y ADIF exigiendo garantías de seguridad para las vías férreas de Soria, un concepto tan exótico como el propio tren en la provincia. La plataforma busca respuestas sobre un servicio que, para muchos, es más leyenda urbana que realidad.
En una muestra de optimismo que roza lo quijotesco, la agrupación de electores Soria ¡YA! ha vuelto a la carga, esta vez exigiendo al Ministerio de Transportes y a ADIF garantías sobre la seguridad de las infraestructuras ferroviarias de la provincia. Una petición que, para el ciudadano medio de Soria, suena tan lógica como pedir un carril bici en la Luna. ¿Seguridad para qué tren? ¿Para el que pasa una vez al mes, o para el que solo existe en los PowerPoints de promesas electorales?
Los valientes de Soria ¡YA! han remitido sendos escritos al mismísimo ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente, y al presidente de ADIF, Pedro Marco Peña. El objetivo: obtener información detallada, garantías técnicas y, agárrense, ¡un calendario verificable! sobre la situación de unas vías que, en muchos tramos, son más bien senderos para cabras montesas o, en el mejor de los casos, reliquias arqueológicas de la era industrial.
La iniciativa surge, según la plataforma, como respuesta a los «graves acontecimientos» registrados en la línea de Córdoba. Y uno no puede evitar pensar: si en Córdoba, que tiene trenes de verdad, hay problemas, ¿qué no pasará en Soria, donde el tren es una aparición mariana? La preocupación por la «falta de mantenimiento adecuado y la dejación prolongada» en Soria es tan antigua como el propio ferrocarril en la provincia. De hecho, algunos historiadores sugieren que el abandono ferroviario de Soria podría ser anterior a la invención de la rueda.
La interrupción prolongada de servicios, los retrasos reiterados en las ejecuciones de obra y el deterioro histórico de la infraestructura han consolidado entre la ciudadanía una percepción de abandono estructural que la plataforma considera «difícilmente justificable». Nosotros, desde ‘El Tintero Seco’, creemos que es perfectamente justificable: si no hay tren, no hay problemas de tren. Es la lógica de la ausencia, una filosofía muy arraigada en la gestión de infraestructuras en nuestra querida provincia.
En la documentación enviada a Madrid, Soria ¡YA! solicita datos concretos sobre el estado real de tres ejes fundamentales: la línea convencional Soria-Torralba, la línea que conecta Medinaceli, Arcos de Jalón y Santa María de Huerta, y el tramo de alta velocidad que discurre por el sureste de la provincia. Sobre este último, se rumorea que el tren de alta velocidad pasa tan rápido que ni se le ve, lo cual, irónicamente, podría ser la máxima garantía de seguridad: si no lo ves, no te atropella.
Los representantes sorianos exigen conocer las actuaciones de mantenimiento y control de seguridad ferroviaria que se están ejecutando. Nos imaginamos a los técnicos de ADIF con lupas, buscando las vías entre la maleza, o consultando a los pastores locales sobre el estado de los raíles. Asimismo, la agrupación reclama garantías técnicas y operativas para evitar situaciones de riesgo. ¿Situaciones de riesgo? El mayor riesgo es que un día, por error, llegue un tren y no haya nadie para verlo.
En su escrito, hacen especial hincapié en la necesidad de obtener un calendario comprometido, con fechas verificables, para la finalización de las obras pendientes y la plena recuperación del servicio. Un calendario que, probablemente, se guardará junto al mapa del tesoro de la Atlántida y el manual de instrucciones para viajar en el tiempo. El movimiento ciudadano ha recordado al Ministerio que la seguridad ferroviaria «no puede depender del volumen de tráfico ni del peso político del territorio». Una frase que en Soria suena a chiste, ya que aquí el volumen de tráfico es inversamente proporcional al peso político.
Esperamos que esta vez, la transparencia y la equidad territorial no se queden en la estación de los buenos propósitos, y que Soria reciba, al menos, un tren de juguete con pilas nuevas. Porque, al paso que vamos, es lo más parecido a un ferrocarril que veremos en mucho tiempo.
Aviso: Este artículo es una obra de sátira y humor. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia… o una triste verdad.