
¡Ah, Soria! Tierra de encantos, de paisajes que quitan el aliento y, por supuesto, de promesas políticas que nos lo devuelven… en forma de un suspiro prolongado. En esta ocasión, nuestros intrépidos adalides de Soria ¡YA! nos han convocado a una “rebelión”. Sí, han leído bien. Una rebelión. Y no en las calles, con horcas y antorchas, sino en el acogedor Centro Cultural Gaya Nuño, donde el mayor riesgo de sedición es quedarse dormido con el aire acondicionado.
Según nos cuentan los cronistas de la capital, el pasado sábado se hizo un balance de legislatura. Y, como era de esperar, el balance fue el de siempre: un déficit crónico de atención por parte de los de arriba. Ángel Ceña, nuestro particular Moisés soriano, ha desgranado los cuarenta y tres años de incumplimientos como si fuera una receta de la abuela, pero en lugar de ingredientes, lleva promesas caducadas de PP, PSOE y hasta de Vox, que se ve que también ha tenido su oportunidad de no cumplir.
La verdad es que uno ya no sabe si aplaudir la constancia de los partidos nacionales en su desinterés por Soria, o la paciencia franciscana de los sorianos. Es casi un arte. Una tradición. ¿Quién necesita monumentos cuando tenemos el Hospital Santa Bárbara, una obra que rivaliza en eternidad con la Sagrada Familia, pero sin el atractivo turístico? O esas carreteras que nos prometen cada cuatro años, y que deben estar construyéndose en una dimensión paralela, porque aquí, en la nuestra, seguimos esquivando baches como si fuera un videojuego de los 90.
Ceña, con la elocuencia que le caracteriza, ha criticado las visitas electorales. Y con razón. Uno de los líderes nacionales, dice, habló más de Siria que de Soria. ¡Hombre, por favor! Que no confunda la provincia con un conflicto internacional. Aunque, pensándolo bien, la lucha por una autovía digna o un médico de cabecera en el pueblo bien podría catalogarse de conflicto de baja intensidad. Y el otro, el regional, prometiendo lo que Soria ¡YA! ya había reclamado. ¡Qué originalidad! Es como si te roban la cartera y luego te prometen que te la van a devolver… pero con un 10% de descuento.
Pero lo más fascinante de esta “rebelión” es su objetivo. Soria ¡YA! no quiere gobernar. ¡Ni hablar! Ellos quieren ser un “partido de influencia”. Es decir, quieren ser esa mosca cojonera que zumba en el oído de los poderosos, recordándoles que Soria existe, que tiene 512 núcleos de población (¡512! Que se dice pronto), y que, por favor, no se olviden de nosotros entre reunión y reunión de la OTAN. Es una estrategia audaz: la de la presión sin la responsabilidad de la gestión. Como ser el crítico gastronómico que nunca cocina.
El lema es claro: “Por Soria, ¡REBÉLATE!”. Y uno se pregunta: ¿rebelarse contra qué? ¿Contra la gravedad que nos mantiene pegados a esta tierra? ¿Contra el frío que nos cala hasta los huesos? ¿O contra esa dulce, casi poética, resignación que nos invade cuando vemos otro cartel de “Obras Públicas” que lleva diez años sin un solo obrero a la vista? Quizás la verdadera rebelión soriana sea simplemente seguir aquí, esperando ese “futuro” que, como el Guadiana, aparece y desaparece sin previo aviso.
Así que, sorianos, a rebelarse. Pero con calma, con la paciencia que nos caracteriza. Vayamos a las urnas, votemos con la esperanza de que, quizás, solo quizás, esta vez los de Madrid o Valladolid se acuerden de que Soria no es una postal, sino un lugar donde la gente vive, o al menos lo intenta. Y si no, siempre nos quedará el consuelo de que, al menos, hemos tenido una buena charla en el Gaya Nuño, que ya es más de lo que nos han dado en 43 años.
Este artículo es una obra de ficción satírica y no debe tomarse como un reflejo literal de la realidad política o social. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia (o una triste verdad).