
SORIA, 5 de abril de 2026 (¡o era 2024? ¡Qué más da!): En un acto de previsión administrativa sin precedentes, o quizás de una confusión temporal digna de estudio en el CERN, el Excelentísimo Ayuntamiento de Soria ha celebrado hoy, con la solemnidad que requiere todo evento trascendental para la ciudad, el Sorteo de San Juan del año 2026. Sí, han leído bien, dos mil veintiséis. Parece que en Soria, el futuro no solo se planifica, sino que se ejecuta con una antelación que haría palidecer a cualquier relojero suizo.
La Vanguardia Temporal de Soria: ¿Por qué 2026?
Fuentes cercanas a este periódico (un becario que pasaba por allí y escuchó algo entre el murmullo de los asistentes y el tintineo de las copas de Ribera del Duero) aseguran que la decisión de adelantar el sorteo de los jurados de las cuadrillas para las fiestas de San Juan 2026 responde a una nueva estrategia municipal: «Anticiparse a lo imprevisible». Según un portavoz anónimo, «con la velocidad a la que cambian las cosas, no podemos arriesgarnos a que en 2026 se nos agoten los candidatos o, peor aún, que las cuadrillas decidan que ya no quieren jurados y prefieran un algoritmo de inteligencia artificial. Hay que asegurar la tradición, ¡cueste lo que cueste y cuando cueste!».
Esta medida, aplaudida por los más nostálgicos y temida por los que aún no han digerido las fiestas de 2024, garantiza que los futuros jurados tendrán tiempo de sobra para prepararse. Hablamos de dos años para estudiar el manual del buen jurado, practicar el baile de la jota con la escoba y, lo más importante, mentalizarse para la ingente cantidad de papeleo que les espera.
Los Nuevos Jurados: ¿Elegidos por el Destino o por el Padrón?
El sorteo, que se realizó con la misma transparencia que un cristal recién pulido (o eso nos dijeron), ha desvelado los nombres de los valientes sorianos que ostentarán el honor de ser jurados en las fiestas de San Juan de 2026. Los afortunados, cuyas identidades mantendremos en secreto para no perturbar su paz hasta que el calendario los alcance, fueron seleccionados mediante un complejo sistema de bolas numeradas y un bombo que, según testigos, llevaba en el almacén desde las últimas elecciones municipales. La emoción era palpable, aunque un poco desfasada en el tiempo.
Se rumorea que uno de los elegidos, al ser notificado, exclamó: «¿2026? ¡Pero si yo aún no sé qué voy a cenar esta noche!». Una reacción comprensible ante tal despliegue de planificación futurista.
El Adiós (¿Definitivo?) de Carlos Martínez: Una Despedida que Suena a 'Hasta Luego'
El momento más emotivo de la velada (o el más previsible, según a quién se pregunte) fue la despedida oficial de Carlos Martínez, figura insigne y omnipresente en el panorama político y festivo soriano. Tras décadas de servicio ininterrumpido (algunos dirían que casi geológico), Martínez recibió un caluroso aplauso y una placa conmemorativa que, según fuentes, ya tenía grabada desde 2018, por si acaso. Su discurso, cargado de anécdotas y promesas de «seguir colaborando desde la trinchera», dejó a muchos con la sensación de que su «adiós» es más bien un «me voy, pero no me busquéis muy lejos, que igual estoy en la siguiente comisión».
«Es un honor despedir a Carlos», comentó un concejal en voz baja, «aunque me da que lo seguiremos viendo en cada procesión, cada inauguración y, probablemente, en la lista de jurados suplentes para 2030». La sombra de Carlos Martínez, al parecer, es tan larga como la cola para conseguir un buen torrezno en San Juan.
Conclusión: Soria, Siempre Adelante (o Dos Años Adelante)
En definitiva, el Sorteo de San Juan 2026 es una clara muestra de que Soria no solo mira al futuro, sino que lo abraza con dos años de antelación, por si acaso se le escapa. Un evento que, sin duda, pasará a los anales de la historia local como el día en que la ciudad demostró que, para sus tradiciones, el tiempo es solo una sugerencia.
Este artículo es una obra de ficción satírica y no debe tomarse como una representación literal de eventos futuros, pasados o presentes en Soria. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia... o una señal de que la realidad es más absurda de lo que pensábamos.